Proyecto

Mujer Mural

2025 / 2026

LAS DOS CARAS

Esferas metálicas y tela roja en el Moncayo

DEL MONCAYO

Beratón

Añón de
Moncayo

Mapa topográfico

La elección

cercanía y lejanía

El Moncayo ha sido históricamente una frontera natural, un gigante de piedra que separa tierras y provincias. Sin embargo, en las faldas de esta montaña, las mujeres de Beratón y Añón de Moncayo comparten una misma raíz, una misma fuerza y una realidad rural que, a menudo, permanece en silencio.

 

A pesar de estar separados geográficamente 9,95 km, el trayecto en coche son 67 km. Las localidades comparten profundos nexos históricos, económicos y geográficos derivados de su ubicación fronteriza.

 

Mujer Mural, las dos caras del Moncayo nace para perforar esa frontera. A través de la fotografía contemporánea, hemos buscado unir estas dos vertientes de la montaña y hemos convertido las calles de los dos pueblos en museos vivos. Este catálogo es el testimonio de un encuentro.

El proceso

Participación y comunidad

El proceso ha consistido en crear un espacio tangible de acercamiento entre todas. Un encuentro participativo donde se ha reflexionado sobre la importancia de homenajear, de empoderar, de poner el foco en las mujeres que habitan en estos lugares.

El despertar de la memoria

El punto de partida fue la escucha. Los álbumes familiares se abrieron para recuperar la memoria. Esto nos sirvió para entender de dónde vienen estas mujeres y cómo ha cambiado su entorno. Y fue también el punto de partida para decidir cómo queremos retratarlas hoy.

 

Después hicimos un mapa emocional donde las mujeres señalaron aquellos lugares que son más representativos y las emociones que les producen. Este mapa nos permitió habitar sus pueblos antes de fotografiarlos.

 

A estas sesiones previas a los retratos se sumaron algunos hombres aportando su conocimiento y recuerdos, y llegó el momento de elegir entre todos y todas a las mujeres que serían retratadas. No fue una selección impuesta, sino un acuerdo colectivo basado en el respeto y el reconocimiento mutuo.

La mirada compartida y la convivencia en el territorio

Una vez elegidas las localizaciones, nos trasladamos dos días a cada localidad para llevar a cabo las sesiones fotográficas y la documentación en vídeo. Esos días se convirtieron en el motor del proyecto. Más allá del despliegue técnico, la experiencia nos permitió conocer de cerca a las mujeres elegidas, charlar con calma y compartir momentos de mucha complicidad. Esa buena sintonía no solo se dio con la gente de los pueblos, sino hacia dentro del propio equipo.

 

Mientras realizábamos los retratos, el equipo de vídeo registraba de forma invisible las conversaciones, las risas de complicidad y el latido del proceso, transformando las jornadas de rodaje en un espacio de confianza mutua donde el tiempo parecía detenerse.

«Me he empapado de inspiración a la sombra de los seculares bosques que cubren la falda del Moncayo».

Cartas desde mi celda

Gustavo Adolfo Bécquer

Las mujeres

Añón de Moncayo

«Somos felices aquí, es un pueblo muy tranquilo y la gente es muy amable.»

Misauda llegó a España desde una zona de Marruecos cercana a Argelia y junto a su familia ha encontrado en Añón su lugar ideal. Trabaja como limpiadora y pastelera y valora la calma del pueblo y las amistades con las que comparte su amor por la naturaleza. Por su parte, la pequeña Rehan disfruta de la escuela y de crecer rodeada de amigos de todas las edades.

Añón de Moncayo

BERATÓN

«Somos el relevo de la Peña “Los Despeñados”.»

Entre 11 y 14 años, representan el futuro de Beratón. Vienen desde siempre y disfrutan de las fiestas de agosto, de cenar juntas en la calle —sin importar el frío— y de explorar el entorno, ya sea construyendo puentes en el río o subiendo al monte de San Mateo.

BERATÓN

Añón de Moncayo

«Me levantaba siempre antes del amanecer, sin necesidad de reloj.»

A sus 80 años, Martina resume su vida con orgullo: ha sido ganadera y una trabajadora incansable. Crió ovejas, cerdos, conejos, gallinas y cabras en casa. También regentó un bar en Añón y es conocida por ayudar a cualquiera que lo necesite. Hoy se entretiene leyendo y cosiendo.

Añón de Moncayo

BERATÓN

«En Beratón he comenzado una nueva vida.»

Llegó a Beratón en febrero de 2026 desde Ucrania junto a parte de su familia. Madre de 4 hijos, quienes la conocen la definen como una mujer valiente y muy trabajadora. Actualmente regenta el bar del pueblo, donde ya se ha ganado a la clientela gracias a sus dotes como gran cocinera.

BERATÓN

Añón de Moncayo

Alegría y superación

A sus 41 años, Isabel es una mujer alegre, muy familiar y una apasionada de la música. Aunque una meningitis a los pocos días de nacer marcó su camino, afronta el día a día con entusiasmo asistiendo a un taller ocupacional donde da rienda suelta a su creatividad con las manualidades. Está muy unida a su madre Vicenta y a su hermano Víctor.

Añón de Moncayo

BERATÓN

«Soy la única mujer que vive en Beratóndurante todo el año.»

Llegó desde Sitges hace 23 años buscando el frío del Moncayo. Es la única mujer que habita Beratón durante todo el año. Lectora, solitaria y amante de las labores, comparte su casa de tres pisos con su perro Chiquitín y su gato Chico.

BERATÓN

Añón de Moncayo

«Me fui a estudiar fuera, la idea era vivir en otro lugar y aquí estoy, con mi marido que es de Barcelona, y mis hijos, que disfrutan del entorno y de la tranquilidad. Me gusta la gente, el paisaje… Mis padres me inculcaron el cariño al pueblo.»

A sus 48 años, Basi es trabajadora social en Cáritas —donde impulsa el voluntariado en Tarazona y la zona del río Huecha— y gestiona una casa rural en Añón, que es su casa de cuando era pequeña. Hoy se siente feliz entre sus paisajes y su gente, con la certeza de haber elegido el mejor lugar para que sus hijos crezcan libres junto a su perro Ron.

Añón de Moncayo

BERATÓN

Cada una tiene su propio vínculo con Beratón: Inma construyó aquí su hogar atraída por las raíces de su marido; Mari Carmen, ya jubilada, regresa constantemente y disfruta especialmente del pueblo bajo la nieve; y Nati, afincada en Zaragoza, vuelve cada verano a la casa familiar donde vivió hasta los nueve años.

BERATÓN

Añón de Moncayo

«Mira el Moncayo, azul y blanco, dame tu mano y paseemos.»

Antonio Machado

Unidas por una gran amistad, ambas comparten su día a día en Añón centradas en la familia y el pueblo. Charo, nacida en Zaragoza, guarda como un tesoro el libro con el que sus padres estudiaron en la antigua escuela del municipio. Por su parte, Mari Carmen, que ha vivido a caballo entre la capital y el pueblo, se dedica ahora a cuidar de su padre de 98 años con la firme decisión de no moverse de aquí.

Añón de Moncayo

BERATÓN

El siglo vivo de Añón

A sus 99 años —camino de los 100 este próximo diciembre—, Paulina es memoria viva del pueblo. Nacida en Añón, ama de casa y madre de dos hijos, en el municipio la recuerdan bajando a lavar al río con el balde sobre la cabeza. Definida por todos como una bellísima persona y con un carácter fuerte y acogedor, ha dedicado su vida a cuidar de los suyos.

BERATÓN

Beratón

Mantener el legado

Maestra en Tarazona y madre de dos niños, María decidió rehabilitar la casa de su abuela en Beratón. Regresa con su familia siempre que puede para disfrutar del paisaje, las excursiones y de reencontrarse con sus amigos.

Beratón

Añón de Moncayo

Fuerza y carácter

Representan el motor y el orgullo de Añón. Mari Carmen, que trabajó en la residencia del pueblo y en la costura, ha sido cuidadora de los suyos sin perder jamás el genio ni la sonrisa.

Feli, con una vida laboral en el sector conservero y en el Santuario del Moncayo, compagina su afición al ganchillo con una devoción absoluta por su tierra: de hecho, asegura que “mata por su pueblo”.

Añón de Moncayo

Beratón

Cuatro generaciones unidas por Beratón

La matriarca, Presen (90 años), es una luchadora que dedica sus veranos al ganchillo y a cuidar de los suyos. Su hija Carmen (65 años), actual alcaldesa del municipio, se vuelca hoy en hacer cosas por sus vecinos con una máxima: «No importan los partidos, importan las personas». A su sobrina Sonia (37 años), veterinaria afincada en Monzalbarba, le encanta organizar actividades para el grupo. En sus brazos sonríe la pequeña Lía (3 años), que ya hereda el genio y el amor por Beratón que su madre le inculca.

Beratón

Añón de Moncayo

A María (14 años) y a Laia (13) les une una gran amistad al ser las únicas chicas de su edad en Añón. María, a quien le encanta la música española y sus gatos Tigris y Aslan, echa de menos a sus amigos de Barcelona, donde vivió antes.

Laia, por su parte, estudia en Tarazona, juega al fútbol, recorre los senderos del Moncayo con su cachorro pastor alemán, Ron, y tiene claro que prefiere la tranquilidad del pueblo antes que la gran ciudad.

Añón de Moncayo

Beratón

«Somos amigas de la Peña “El Cuadrado” de toda la vida. Somos muy felices en Beratón, sobre todo en verano.»

Comparten peña, veranos e inviernos desde que tienen memoria. Este grupo de amigas simboliza el relevo generacional y el arraigo de quienes, cambien de ciudad por estudios o trabajo, siempre regresan al Moncayo.

Beratón

Beratón

«Hubo un tiempo en que no venía tanto, luego nos compramos una casa y ahora con mi marido venimos mucho. La gente se piensa que el del pueblo es él.»

Milagros

Begoña, Noelia y Milagros comparten una infancia maravillosa en la placeta de Beratón, jugando a las tiendas o en el lavadero. Begoña y Noelia, ambas enfermeras en Zaragoza, mantienen su arraigo familiar desde niñas. Hoy, sus tres familias siguen muy unidas al pueblo. Milagros trabaja en administración y su hija mayor es una enamorada de Beratón.

Beratón

Añón de Moncayo

Una vida entregada a la comunidad

Nacida en Used y maestra de profesión, Lucía llegó al Moncayo con un propósito claro: crear hogar. En 1979 cofundó una casa de acogida en Vera y, siete años más tarde, construyó otra en Añón por la que han pasado 110 niños y niñas en situaciones familiares difíciles.Tras ceder el espacio a la ONG Accem —que hoy atiende a menores no acompañados—, sigue vinculada a la casa como voluntaria. Su implicación con el pueblo es incombustible: ha impulsado colonias rurales, clases de Graduado Escolar y talleres artesanales de cestería y terapia ocupacional para mujeres y mayores. Lucía asegura sentirse plenamente feliz en este rincón del Moncayo que ha llenado su vida.

Añón de Moncayo

Beratón

Volver a la raíz

Encarnan la historia de tantas mujeres que tuvieron que marchar fuera a trabajar (a la confección en Barcelona, a una papelería en Zaragoza o a una panadería en Épila), pero sin perder jamás el vínculo con su tierra natal. Hoy, jubiladas, regresan a Beratón para mantener vivo el pueblo que las vio nacer.

Beratón

Añón de Moncayo

«En Añón tengo a mi pareja y a mis amigos, trabajo en Soria pero la vida la hago aquí. Me siento plena en este lugar.»

De origen cubano, Maisle (50 años) lleva ya 22 años en España y 11 afincada en Añón, el lugar donde siente que ha logrado desarrollar una vida plena. Empresaria en el sector de la automoción, es madre de un hijo que reside en Cuba y una auténtica apasionada de los perros y los gatos.

Añón de Moncayo

Beratón

Una familia volcada con su pueblo

Isabel es una mujer de sonrisa luminosa que, a pesar de no haber tenido una vida fácil, hace que todo parezca sencillo para los demás. Su hija Erika, en un firme homenaje a la rama materna, decidió cambiarse el primer apellido por el de Larraga al convertirse en madre. Ahora, junto a la pequeña, pecosa y dulce Vega, regresan a menudo a Beratón, su lugar seguro en el mundo.

Beratón

«De estos pequeños lugares, unos están en la punta de las rocas, colgados como el nido de un águila, y otros, medio escondidos en las ondulaciones del monte o en lo más profundo de los valles».

Cartas desde mi celda

Gustavo Adolfo Bécquer

El lienzo urbano: una celebración en la calle

El broche de oro de este proceso vivo ha sido devolver las imágenes a su lugar de origen. Los retratos artísticos y contemporáneos, impresos en gran formato, se han fundido con las paredes de piedra, las fachadas y las plazas, convirtiendo las calles en un museo al aire libre.

 

Esta exposición efímera no es solo una muestra artística; es una auténtica celebración comunitaria. Al colocar los rostros de las mujeres en el espacio público, los muros se han transformado en un lienzo de reconocimiento que rompe silencios históricos. Es un homenaje que invita a los propios vecinos y a los visitantes a recorrer Añón y Beratón con otra mirada, festejando el orgullo rural, la igualdad y la memoria viva de las dos caras del Moncayo.

Aprender sin invadir:

Nuestro agradecimiento

Cerramos esta aventura con el corazón lleno y una profunda gratitud. Para el Colectivo Mujer Mural, intervenir en las dos caras del Moncayo ha sido, por encima de todo, un regalo. Ha sido un auténtico placer conocer a las personas que habitan Añón y Beratón, sentarnos a su mesa, escuchar sus risas y compartir la emoción de sus recuerdos.

 

Desde el primer día, nuestra máxima ha sido aprender sin invadir. Llegamos a estos pueblos de puntillas, con un respeto absoluto por su día a día y su intimidad, y nos vamos transformadas por su generosidad. No queríamos imponer una mirada externa, sino ser el canal para que su propia voz y su propia luz se proyectaran en las paredes de sus calles.

 

Estamos muy felices con el resultado de este museo a cielo abierto, pero lo estamos aún más por el tejido humano que hemos compartido. Gracias a cada vecina y vecino por abrirnos las puertas de sus casas, de sus álbumes y de sus recuerdos. Este proyecto ya es, para siempre, tan vuestro como nuestro.

Mujer mural somos

Pilo Gallizo, Lorena Cosba, Luis López, Javier Lapuerta, Irene Marco e Iñaki Bernal.

 

Gracias a Elena, Cris, Vera, familia Chueca, por la ayuda y por compartir el proyecto con nosotros. Gracias a Carmen y José María por abrirnos las puertas de vuestros pueblos.

Gracias

Actividad realizada con la ayuda del Ministerio de Cultura, Subdirección General de Artes Visuales y Creación Contemporánea